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Testigos De Una Prohibida Entrega

Quién diría que ese día sería tan especial. Saben, por lo general soy ese tipo de chica retraída que se coloca en el rincón más oscuro procurando que nadie le vea. Me considero linda; algo cute talvez, pero en mis relaciones no ha pasado nada trascendental. Solo sexo+ sexo que dieron como resultado más sexo. Ahora ando en busca de algo más romántico, a la vieja escuela.

Me levanto por las mañanas mirando mi cama vacía, sola sin alguien que me acompañe. Y me propongo todos los días que eso va a cambiar. Salgo a la calle ya no como gata en busca de una presa. Sino más bien como una presa en busca de ser atrapada por el amor.

Esa es la idea dominante en mi cabeza. “July, hoy encontraras lo que buscas”, me repito todos los días. Hoy… Hoy.

-“jugamos a las 10” me dijo una amiga por el teléfono en la mañana. -¿Contra quién y donde?-

-contra el dúo de el Instituto CTBS, las hermanas Andrati-

Si, se me olvidaba decirles que soy una de las chicas integrantes del equipo de tenis de donde estudio. Y por la mañana enfrentamos a esas dos chicas. De haber sabido que esto iba a ocurrir, habría anotado en MAYUSCULAS ese día en mi agenda.

-Ok, nos vemos allí una hora antes-

-perfecto-

La cancha era un lodazal, no se podía ni siquiera esperar un juego, pero igual allí estábamos las cuatro presentes. Entre todos se tomo la decisión de no jugar, por lo menos no tenis. Pues cuando me percate ya estaba contra el césped llenándome la cara de lodo. Por más que gritaba que me soltaran, aquello se torno en un desenfreno de ver quien quedaba más llena de lodo. Mi compañera y las otras chicas terminamos exhaustas, regodeadas en el placer del no hacer nada. Cuando nos miramos una a otra, lo único que veíamos era una mole de lodo frente a nosotros.

Ya era tarde y había que irse, la diversión de las revolcadas lodescas, estuvo entretenida, pero había que eliminar el recuerdo con una buena ducha. Ducharse en ese momento era algo que estaba disfrutando demasiado. Al girar la llave y dejar que ese líquido vital recorriera mi cuerpo, me sentía muy bien. Empecé a tratar de recuperar mi bello rostro de debajo del lodo y de allí todo lo demás. Entretenida en esta labor escuche la puerta de la ducha abrirse, me asombre un poco pues no esperaba ducharme con nadie más. Y me sorprendió más ver a la mayor de la hermanas Andrati ser quien entrara. Me imagine que el lodo ya le molestaba y la paciencia se le agoto. En fin, seguí tranquila pensando hasta que… te levantaste la blusa y el sostén, dejando descubiertos esos hermosos senos que se empapaban y movían al compas del agua que brotaba de la ducha. No lo podía creer, no te conocía, pero allí estaba yo frente a la belleza de lo desconocido, vigilante del rebote del movimiento. Trate de controlarme, pensé en mis adentros

-July, es algo normal entre mujeres, mantén la calma-

Pero no podía, mi cerebro le negaba a mi espíritu con su reclamo que me explayara en las imágenes de tus círculos de placer. Inconscientemente yo misma seguí tu ejemplo y me quite mi top. Trate, lo juro que trate de no verla, de evitar ver como sus manos acariciaban tan suculentos manjares, masajeándolos, lustrándolos. Eliminando cuanta partícula de impureza los cubría, para devolverles la imagen de obra de arte que eran. Seguí mi ducha, intranquila, sintiendo mi corazón latir fuertemente, queriendo salirse de mi pecho. Pero control, eso es todo lo que debo tener ahora, me decía a mí misma. Pero eso no podía ser. Cuando creí que todo se acabaría pronto, me diste un golpe fulminante. Deslizaste tus manos hasta tu cintura, como si estuvieses tratando de atrapar el aire entre tus manos. Manos que desprendieron tus bragas lentamente, dejándolas caer en el piso donde en ese momento se hallaba mi auto control.

-¿Por qué me castigas así, que te he hecho?-

La razón se mudo de mi cuerpo y la habitación la ocupo la lujuria. Mi mente era un mar de ideas pecaminosas. No podía resistirme a no verte, tu cuerpo todo desnudo frente a mí y yo impotente sin saber qué hacer. Si tomarte y hacerte mía en un acto de salvajes deseos carnales o seguir esperando la señal del permiso.

No sé en qué momento yo también me desnude por completo. Ya para ese entonces no me importaba: la ducha, el lodo o el tiempo. Solo estabas tú en mi mente, tu y yo siendo amantes, sintiendo tu cuerpo vibrar cuando te acaricio, sintiéndote responder a mis besos en un vienes y vas que llega...después de hacer el amor. Me había perdido en tus posaderas y trataba de anclar mi mirara en tu gruta escondida. Pero al mismo tiempo la intriga me invadía, no sabía que estaba ocurriendo, si era un acto de inocencia y mi lujuria lo mal interpretaba o realmente pasaba lo que yo deseaba con tantas ganas.

Disimule, lo intente por lo menos, pero me pediste que te enjabonara la espalda, ¿Por qué tan cruel?, mis manos tomaron el jabón deseando tomar partes de tu cuerpo y hacerlas mías. Te frote la espalda con un rostro de felicidad digno de ser inmortalizado en un retrato. Disfrute cada micra de segundo en que acaricie tu cuerpo, queriendo más… PORQUE NESECITO MÁS. Te veías tan hermosa, llena de vida, joven, jovial. Deseaba hacerte mía en esa ducha. Comerte, hacerte gritar de placer, que tu cuerpo se fusionara con el mío en un acto salvaje de pasión. Frotando nuestro ser para encender el fuego de la pasión. Pero eran solo deseos. Te lavaste tu cuerpo, ensuciaste mi mente. Y saliste, contoneándote, enseñándome que el cuerpo de una mujer hermosa es un templo, que debo profanar.

Me has dejado excitada y sin respuesta, no sé que ha pasado. Solo sé que quiero sentir tus manos en mi cintura, que me atraigas hacia ti y comiences a besarme con desesperación, buscando la piel escondida, encontrando nuestro punto de amor con nuestras caricias...sentir nuestros cuerpos estremecerse bajo el tacto, nuestros suspiros morir en nuestros labios, ahogando nuestros gemidos, sentirte desfallecer en mis manos y sentirme morir en las tuyas. Pero me condenas a solo soñar en las noches con tu amor, no me das nada de lo que quiero. Hoy no habrá mudos testigos de una prohibida entrega.